13 de febrero de 2008


Miren a esta mujer:

Pasó hambre, sed, ataques terroristas, posiblemente perdió a su esposo, vive en un campo de refugiados, no tiene asegurado ni el vestido que lleva, depende de gente extrangera, escapó por centímetros de una bala rebelde, su hijo menor tiene 4 años y teme que no llegue a los 5, a su hijo mayor lo secuestraron los revolucionarios, no tiene derecho a voto ni voz y su país se encuentra en una dictadura que nadie eligió, consumiéndolo todo, pero, aún así,
puede sonreir.

En la adversidad hay pocas cosas que nos salvan, una de ellas es la sonrisa.

Ella
es
una
mujer
chadiana.

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