
El salón, enorme y vacío.
Al fondo, piano y pianista renacían en un diálogo apasionado.
Y a los pies del pianista,
una muchacha escuchaba maravillada las hermosas notas,
llenando sus pulmones de aire, paz.
Y ya el diálogo no era de dos,
era de tres,
ella muda,
él también,
y un piano de por medio hablando por los dos.
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