
Todo cambia en la vida de un caminante, por el hecho lógico de que el sendero avanza y nos muestra paisajes distintos. Guardamos de ellos, a veces, algunas hojas caídas o muchas flores cortadas por y para nosotros.
Qué misterio grandioso es el impulso nato de salir a recorrer el mundo. Es aún más colosal el misterio que implica seguir a nuestros pies en ello.
Se empieza por aprender a caminar; primero agarrándonos de algo, después soltándonos de todo. Más adelante, quizá, volvamos para agarrar las manos que en un principio no quisimos soltar, pero que debimos hacerlo por cuestiones psicológicas.
Existen senderos alternativos, y mucho apoyo logístico, ni que hablar de los mochileros amigos; alguien siempre está ahí para nosotros. Sin embargo, hay sendas que se transitan de a uno, y pueden durar más kilómetros de los esperados.
El tiempo, muy de vez en cuando, nos juega en contra (¿o será que nosotros no lo sabemos aprovechar?), entonces un día nos vemos acostados en el piso, tratando de respirar con normalidad y, sobretodo, intentando resolver los cinco problemas que nos aquejan en esa infructífera hora.
A veces está nublado; eventualmente sale el sol. Nos llueve encima y además nos voltea el viento; no importa, se puede seguir poniendo un pie delante del otro.
Y una mañana cualquiera, luego de haber caminado muchos años, nuestro camino se une al de otro (¿o siempre estuvieron unidos y nunca te habías dado cuenta antes?), y sucede algo maravilloso: ya no caminamos solos.
.
1 comentario:
siempre encontras la mejor imagen acorde al texto.
Esta lindo, me gusto el final.
ñaaaaaaaaaaaaaaa, Sabes que te amo y mucho mucho
Besos
Publicar un comentario