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Miré mi árbol, mi manzano. Estaba alto y reverdecido.
Lo había plantado con mi padre cuando sólo era una semilla que sacamos sin premeditación de una manzana, después de almorzar. La cuidamos, la regamos, la sacamos al sol, y luego la trasplantamos aquí.
Pasaron, mínimo, doce años hasta hoy.
Hoy mi padre me hacía bromas con éste manzano, porque dio su primer fruto. Entonces dijo que había que tomarlo.
Yo contesté simplemente: La manzana está muy verde como para probarla.
Manzanas verdes, eso somos, inmaduras aún, no plenas. Si esto es así (y no creo equivocarme), ¿por qué no habría yo de disfrutar el sol y el agua mientras pudiera, antes de lanzarme al piso, bien roja, rebosante, y decididamente lista para ser recogida por un par de manos bondadosas? Ya habría tiempo entonces para degustar y saborear.
La manzana está aún muy verde como para probarla, no tiene sentido apurarla.
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1 comentario:
Todo lo escrito me parece abrumador...pero en un buen sentido. Me gusto todo el blog en general la verdad, y creo fervientemente en que en el mundo, o siendo un poco minimalista, esta ciudad, podría beneficiarse de tener una o dos almas sensibles más como la tuya.
Todo esto es mi humilde opinión though :/ -.
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