14 de junio de 2009

The red light my dear Roxanne

Importándole la taza como le importan los lunes al sábado, lanzó furibunda el madrugador café hirviendo de aroma y, haciendo uso de toda destreza desvelada, se dignó a dar un sorbo catador: le faltaba una de azúcar y veinte de aspirina.
Luego se dedicó a cubrir su piel cansada con telas aún más desgarradas, la mañana se hacía tarde, ningún compositor le cantaba en la radio, la calesita se le burlaba tristemente, y siempre llueve en el país del nunca jamás decía un tipo monotemático en la rue des moulins.

No hay comentarios.:

¿Más?