Caminaría por el rumbo infinito de alguna costa serena, de madrugada tenue y fría. Oiría aquel silencioso estruendo de aguas corriendo, saltando, retrayéndose en lo mismo. Probaría su humedad con los pies, despacio y de a pasitos bien enterrados, a riesgo de piel violeta y cortes superficiales; nada más que eso importaría, nada más que aquellos vaivenes vitales. Y pensar sólo en celeste clareando, en brisa chocando conmigo, en mar ganando terreno, en lo que ya pasó y no en lo que pasaría inmediatamente después.
Porque volvería a mi cemento tapizado, a taparme con frazadas rasposas y dormir por lo que queda de mañana.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario