21 de junio de 2010

"¿Por qué las arpías no deben tener hijos? Porque nos condenan a ser infelices"

*
No quería mirarla. Mirarla… dolía, porque nunca se había sentido más lejos, más fuera de sí, más imposible. Pero ella estaba ahí. No lo entendía. Tampoco estaba muy seguro de si quería entenderlo. Tenía suficiente con que su deseo se hubiese hecho realidad, por mucho que le pesara.

Estúpida felicidad, pensaba, o el pedazo que me toca saborear de ella.

No, nada de eso hubiera sucedido si él se hubiera mantenido al margen, si hubiera actuado como el señorito correcto y responsable que era, o creía ser. Pero no podía, el impulso era más fuerte. Y lo hizo, tuvo que hacerlo, no soportaba verla así. Sin embargo aquello acarreaba algunas condiciones, no le estaba permitido pasarse de la raya, de esa fina línea trazada por su orgullo, su posición… La bruja de su madre. Todo era culpa de esa arpía. Literalmente, arpía.

Porque a los hijos de monstruos, los monstruos como yo, les está prohibido acercarse demasiado a un mortal. Ni hablar de tocarlos, o enamorarse…

-Qué lindo pelo que tenes – Dijo ella viéndolo como si fuera la primera vez, como bicho raro.

-Eh… si. Vos también – Idiota, ni la miraste… pero sé que tiene lindo pelo, huele tan bien… Basta –, pero contame, ¿qué pasó después?

Ella volvió la cabeza hacia el frente un poco cansada, bufó y, acordándose de algo muy desagradable, siguió hablando como venía haciéndolo. Y el aprovechó eso para dar un vistazo furtivo y rápido, y juro que no vuelvo a hacerlo, no voy a aguantar mucho si...

-Pero en serio, ¡qué lindo pelo! – Ella había girado la cabeza de repente, cortando su perorata por la mitad.

-¿Qué te pasa? Es pelo nada más. - ¿Está loca?

-Pero brilla mucho y tiene pinta de ser muy sedoso y… dejame tocarlo – Estiró una mano y él se corrió como en un auto reflejo –, dale, no seas así, ni que tuviera la peste.

-No es eso – si supieras… no, corrección, de ninguna manera tenes que saber –, es que… ¡ya es tarde! ¡Si! Vamos, ¿dónde vivís? Te acompaño a casa – Exageró la expresión de apuro y emoción, y ella lo siguió como si nada, indicándole el camino.

Anduvieron en silencio muchas cuadras, cada uno metido en lo suyo.

Si tan solo pudiera… un poquito, un roce… ¿qué se sentirá? ¿Será como tocar una superficie lisa? ¿O como el cuero de esta campera? No. Parece tan finita, tan frágil… ¿Moriría tan rápido, así, instantáneo? ¿O tendría un par de segundos, para registrarlo, para saborearlo? Daría lo poco que tengo por esos segundos… si es que tal pacto existe. A menos que…

-¿Qué pensas?

Él no pudo evitar lanzar una carcajada – Nada importante.

-Es que tenes cara rara.

-Ah ¿Si?

-Si – Respondió ella arrastrando la vocal –, como si estuvieras decidiendo algo muy importante.

Se le borró la sonrisa, frenó en seco. Le tembló la mano derecha, en un amago invisible de levantarla.

-No puedo… yo…

-¿Qué no podes?

-Creo que no tenemos que vernos más – Levantó la vista, por primera vez la miraba directamente a los ojos, desde tan poca distancia, wow, puedo verme en su pup… ¿agua?

-… ¿Soy yo, no? Ya sé que soy insoportable, es lo mismo que con… ¿por qué? ¿No somos… amigos? Ah… siempre me pasa esto, nunca aprendo… estúpidas ilusiones de nena… yo…

-¿Podes dejar de balbucear? No te entiendo nada – Estaba empezando a desesperarse. El mismo hecho que lo trajo a este lado del mundo, rompiendo unas cuantas reglas, para ayudarla y estar cerca, sólo estar más cerca de ella, y ahora… él la estaba haciendo llorar, él, era demasiado.

-Y yo no te entiendo a vos – Alzó los ojos sorprendido; ella continuó con vehemencia –, si, no te entiendo, casi nunca me miras, nunca te acercas mucho, ni siquiera cuando te estoy contando lo peor que me pasó y espero, aunque sea, una mano en el hombro, no te digo ya un abrazo, no, quizás es mucho, pero, nunca me tocas, y yo creía que era porque, no sé, te daba vergüenza o eras serio en extremo… resulta que no, estoy equivocada, es porque en realidad no me aguantas, no… en realidad no me queres… bajá ya esas cejas, no actúes como si no supieras lo que siento, sos más inteligente que yo, no puede ser que no te hayas dado cuenta.

-¿… qué? Pará un poco, ¿qué me estás diciendo?

-No, ahora no te digo nada. Estoy harta.

Suspiró, si no le daba una explicación ahora, nunca más iba a poder volver. Se decidió:

-Escuchame…

-No, me tengo que ir.

Ella le dio la espalda y avanzó un paso. Le volvió a temblar la mano derecha, no. Ya los separaban unos tres metros. Todo el brazo le tembló, apretó el puño con fuerza, no, dejala ir. Veinte metros. Sus nudillos se pusieron blancos, es mejor así. Dos cuadras. Todo él se tambaleó, un pie le siguió al otro, no, frena ahora, dejala ir. Ella dobló en la siguiente esquina, ya no podía verla. Él se quedó quieto de repente, muy quieto, parecía de piedra. Eligió. Y empezó a correr, casi volaba, pero no puedo desplegar mis alas en este lado del mundo. La alcanzó, la llamó por su nombre.

Ella lo miró con una mezcla de sentimientos mientras él a cada instante se aproximaba más, a un par de centímetros de distancia.

Levantó finalmente su mano, dudó. Ya le faltaba poco, no podía detenerse ahora. Ah… tan bella.

Y sus dedos rozaron esa mejilla sonrosada, delicada como nada que hubiera sentido antes. Porosa, tibia, cosquillosa. Sonrió, ella también.

... Y fue el ala picuda de su madre lo que lo golpeó en la cabeza, de vuelta en esa isla perdida en la nada.

-¿La pasaste bien en la Tierra? Vas a tener que esperar el indulto de Zeus antes de poder siquiera pensar en volver – Le espetó con ironía, frenética.

-Ya, calmate mamá, sos la menos indicada para darme lecciones sobre por qué no tengo que pisar la Tierra, dejame en paz.



*Imagenparcialmenteoriginal"I'mnotanangel"byPirateAngel3enDivantart.

Y, eh, no sé de dónde me salió este escrito, pero me gusta :D

1 comentario:

FlorAna dijo...

ay me encantooooo, ay es tan...dfasdfs!!! por alguna extraña razon lo vi a yukito, jihoo y muchos otros mas metidos en ese flaquito XD y ella me sono extrañamente familiar XDDDD

¿Más?