Caen,
volando por inercia caen.
Se va el verdor de tu frente,
ya no te sostienen ni las amarillentas hojas que en el pasado también, como ahora, siempre volvieron.
No, todo se está desmoronando;
se deshacen en gris porque se atrevieron a brillar más fuerte que el sol - pero contenidos.
Tú has visto su fascinación, su móvil y su cansancio;
presenciaste la última obra,
los miraste pasar por vez postrera.
Nada queda de sus piedras,
ninguna fibra ondea curvilínea.
Ni siquiera tienen fuerza para detenerse de su curso y contemplar
- con suma benevolencia y terror -
como también tú,
el vigía cíclico de las eras,
te rescrebrajas en cuatro astillas
y mueres.
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