7 de diciembre de 2010

El viaje

La cercanía e inminencia del viaje los tenía a todos haciendo valijas y deshaciendo arrugas con el calor y el vapor de agua que largan todas las planchas aplanadoras. Por ejemplo, uno iba metiendo retratos y recortes en un maletín de cuero claro, y los manejaba con sumo cuidado ya que eran preciosos; otro llenaba su bolso de tela de avión verde con todo lo que parecía ser el kit de supervivencia, a saber: botiquín avanzado, tres mudas de ropa hechas rollito, una cantimplora negra, una bolsa de dormir, protector solar, papas fritas, la almohada, el oso de peluche favorito, un stock de libros indispensables, la Polaroid decorada con stickers de Hello Kitty, una Biblia, la campera gruesa tipo Antártida por si hace frío, y una reserva de plata camuflada en las medias sucias.
Mientras tanto, otro iba calculando el presupuesto de la aventura en base al precio de la nafta y del pan lactal, dejando un fondo considerable por si decidía ir al cine.
Otro ponía la pava para el mate.
Otro lanzaba un suspiro cautivador a la vez que cerraba el cierre de su mochila azul de aspecto desproporcionado.
Otro, un poco apartado del resto, se dedicaba a seleccionar maquillajes y perfumes, preguntándose cuándo y en qué ocasiones podría llegar alguna vez a utilizarlos y, haciendo memoria presente de lo mucho que le gustaba ir al supermercado y deslumbrar al cajero, resolvió por lanzar con un dejo de suficiencia y sonrisa socarrona todos los cosméticos dentro de su cartera rosa. Y de paso pintarse las uñas.
Un séptimo viajero estaba preocupado, muy preocupado, y daba vueltas por toda la habitación. Melancólico, lagrimeaba sobre la alfombra. Orgulloso, sonreía y se palmeaba el pecho. Resignado, respiraba hondo. No se le daba muy bien eso de los cambios de escenario.
Entre todos hacían uno. Eran lo mismo o varios y distintos a la vez. Se preparaban -o dilataban el momento real de hacerlo- para el acontecimiento que los haría sentir libres y fuera de lugar. El viaje era inminente y cercano, y los tenía a todos construyendo esperanzas sobre pedazos de mobiliario y gajos de mandarina.

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