Sus manos olían a madera de bar usada, a sus cenizas, sus cafés. También a tarde de lluvia caliente y avenidas rotas; a metal gastado de transporte público; a bolsillo de jean. Olieron a jabón de almendra y miel dos horas después.
Olían a frazada de bisabuela por la mañana,
a libro abierto, a cuerdas de nylon y acero, a manzana fría, a galleta de agua con manteca y mermelada.
Sus manos olían.
Huelan, huelan, huelan; ahora todos sus recuerdos vuelan.
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