Habíamos inventado nuestro propio y único idioma para comunicarnos efectivamente. No sé muy bien cómo pasó, pero nos entendíamos eficientemente a través de este método, cosa que a veces no sucedía hablando normalmente. Más que un lenguaje nuevo -como el Elvish- lo que habíamos desarrollado era un sistema de metáforas encubiertas; por ejemplo, cuando yo decía "ayer pinté un cuadro" en realidad le estaba diciendo "ayer te extrañé más que otros días", y a eso él contestaba "yo estuve escuchando a los Smashing Pumpkins" que significaba "tengo unas ganas tremendas de verte".
Así, comentarios sobre películas y libros se tornaban en declaraciones, y observaciones del clima y asuntos sociales nos recordaban la distancia y el mal tiempo (el terriblemente horrible timing).
Pero, quizá... las pocas veces que intentamos usar las palabras exactas, todo temb... en realidad no hay nada dic... no hay n... y tal v...
¿Ves? ¿Te das cuenta?
No hay nada que decir al respecto.
Porque no pasa nada.
Nada.
(- ¿De qué me estás hablando?)
(- ¿Ah? No, no importa.)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario