17 de abril de 2013

Descripción casera

Su casa era lavandas con telas artesanales de colores, estanterías ordenadas con esmero y meticulosidad, libros en español mezclados con libros en inglés y algunos pocos en francés, memorabilia de viajes y escapadas, una hoja de cuaderno universitario dibujada, las fotos, los pinceles, los íconos. Su casa no tenía copos de nieve o sillones. Su casa olía a madera de guitarra, galletitas y buenos aires. Su casa tenía tres cremas y un paquete de volcanes de chocolate en polvo. Su casa tenía especias que otras casas no quieren. Su casa no tenía un ficus, no tenía lavarropas, no tenía pantuflas. Su casa tenía una bicicleta fija. Su casa tenía dos espejos. Su casa se iluminaba fácil. Su casa tenía un piso enamorado de sus pies descalzos y de la pelusa. Su casa, su casa, su casa, ese era un latido constante, un anhelo nunca completo. Su casa reflejaba tan pristinamente una porción de su carácter que a veces le daba vergüenza invitar gente, y quienes iban debían sentirse honrados porque acababan de profundizar el vínculo. Su casa, dicen, eran un mundo (eso dicen de todas las casas, pero no lo entienden). Su casa eran cuatro habitaciones funcionales que a veces no funcionaban para lo que fueron creadas, aunque eso es difícilmente un problema: hay un cierto aire poético en poder dormir en el piso del living, lavarse las manos en la cocina, leer en el baño y cortar un melón en la habitación, como también filosofar en el lavadero. Su casa no siempre era su casa, pero su casa era la más joven de todas sus casas (y por eso, también, la más suya). Su casa era un departamento en el décimo piso. Su casa la tenía a ella misma adentro. Su casa era una casa alegre, con la ocasional noche oscura. Su casa tenía cortinas que el sol marcaba apenas. Su casa tenía valijas siempre hechas. Su casa tenía una exposición de plantas contra la ventana y una colección de piedritas de colores distribuida en diversas cajas por la biblioteca. Su casa no tenía ruido de más, todos los ruidos no eran ruidos porque eran cortesía de la casa. Su casa, si la pudieras ver de nuevo... jamás te quedarías en su casa.

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