24 de febrero de 2008

Clavel

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¿Por qué claveles y no rosas o un jazmín o algunas margaritas?
Las rosas son elegantes, los jazmines deliciosos, y las margaritas simpáticas.

No es que no me gusta recibir una de esas flores, al contrario, me encantan. Pero sin embargo, aún con todas esas cosas que tienen a favor, no me llenan, no me complementan.

Los claveles son una especie de hermoso desastre. Los pétalos están todos rasgados, los colores son vívidamente decorosos, el perfume es casi imperceptible, las hojas son una alargada pronunciación del verde oscuro, y el tallo por lo demás está desnudo.
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Yo veo claveles y es como si me dieran ganas de jugar. Cuando me adornan la habitación, hay juegos de luces muy distintos. Su aroma me pone de buen humor. Incluso pienso que hasta podrían llegar a conquistarme con un buen ramo de claveles.
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Sus esquinas no son perfectas, pero sí preciosamente recortadas; su perfume es delicado, y tan adictivo; crece con el tiempo; es absoluta e irremediablemente irrestible; algo rebelde y muy bello.
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