algunas veces despertamos sabiendo de antemano que el día va a ser
bueno, como si todo se pusiera a nuestra entera disposición para
citarnos en los lugares y momentos correctos, haciendo gala de
diáfanas miradas en medio de un corredor lleno de gente, aunque sólo
el tubo de luz presencie el segundo exacto donde la chispa de
felicidad recorre el rostro. buscamos silenciosamente los preciados
gajos de impronta cual rompecabezas apasionante, dejándonos ver,
hasta que sin esperarlo, nos encuentra mirando absortos la ventana,
instante que aprovechamos para correr, saltar, y gritar, sin mover
jadeantes ni un dedo (porque todo es interno). el aire se mueve como
kilos de burbujas en plena bañera, bien tornasoladas, y es aquello por
lo que esperas: el tiempo lento y malvado lo trae bien despacio, casi
majestuosamente, como en las películas. tres pasos separan la gran
nada y el imposible todo. sentís volar el pecho y quieren escaparse los
ñaques que convertiste en sortilegios a motor de pulso acelerado y
ocasos de color naranja. quizá la vida sea dulce y haya esperanza
porque no dejó nunca de ver a tu norte y tu luz verde, aguarda sereno
que hables. decís un “hola”, el más tímido de la historia, y casi, casi
rezas para que la respuesta tenga contenido, y sobretodo que tenga
sentimiento (no la típica: “¿cómo andas?”, “bien ¿vos?”, “bien”). es
tan fácil. en serio, nadie lo sabe. así establecidas las bases de la
urgente conversación (porque te morías por algo así, no mientas), la
verdad te propone ser auténtica, y esa elección pega como mil kilo
wats sobre tu cerebro. ya no sos capaz de argumentar, la música del
xilofón interestelar ocupa toda tu mente. pero tranquila niña, la ayuda
ya viene: dijimos que era un buen día hoy, y eso no ha cambiado. el
zoológico escolar posee más de un espécimen. ahí viene otro, atenta...
1 comentario:
me encantó!!! lo escribiste vos?. Saludos!
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