
Bailan las hojas en la calle
Y una tarde cualquiera, sin especificar cuál, ni su color, ni su olor, pasará una brisa suave despeinando dos cabezas que a fuerza de amores caminaban juntas por la vida.
Pensar que casi se les extingue el aire en esos doscientos días apartados por paredes, cables, calles, kilómetros. En la lejanía se escuchó el llanto, y eso los llenó de vida.
Sentados en el umbral que les enseñó tanto, recordaron el viento de mar que jugaba con su agua, y juraron tres meses acostarse en la arena.
Sube pesado un camión de mudanzas la calle empedrada de cielo
Miraron el día y soñaron cigüeñas. Luego, levantando las alas, andaron caminos con ligereza de risa.
Su hogar les abría las puertas, ventanas, música.
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