10 de abril de 2008

Le silbabas al viento su canción de cuna para que no moleste impreciso con brisas inapropiadas, no vaya a ser cosa que aparezca cuando debe y te arme la escena de novela que no necesitas.
Así es la vida te decía un amigo de antes, y jurabas romper los lápices si alguna vez las palabras no te alcanzaban para quebrar renglones, o si aquel dueño de la frase se rajaba a comer limones por gusto suicida.

Tanto era el monto al final que decidiste cortar por sanos caminos, minga que lloraste y después pateaste papeles.
Creíste llegar a un puerto, pero era sólo una boya en el medio del mar y eso logró que te sintieras vivo, conciente y estúpido: era hora de nadar para atrás.
Quizá empezando de nuevo conseguirías sonreírle a la lluvia del diario de ayer.

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