26 de abril de 2008

Cumple Infantil.

.
Hoy fue la fiesta de cumpleaños de un primito. Cuatro años. El griterío era impresionante, pero aún así bancable por amor a la familia (las cosas que uno hace por amor).

Anécdotas hubo millones. Por ejemplo, en un juego algunas nenas quedaban "atrapadas" mientras los varones corrían e intentaban atrapar a las otras, cuestión que empezaron a gritar "QUEREMOS SER LIBRES!". Claro, al principio era la sonrisa de todos los grandes frente al juego, y después de un rato pasó a ser la carcajada cómplice del adulto que ve lo que hace la televisión o la inocencia infantil que es tan sana.

Lo que pasa con estos chicos es que te hacen ver que creciste. Les sacás una foto y te dicen "a ver..", ilustración sutil de que nacieron con la cámar
a digital al lado. Hacen poses y bailan "las divinas" (mis primitos no, gracias a Dios, pero los compañeritos si). La montaña de regalos (la mayoría autitos y remeras) es exclusivamente para el homenajeado, y no le toques su juguete (¿te suena conocido querido adolescente? si, vos también lo dijiste). Y, mi ejemplificación favorita, cuando te dicen "ayudame con la beba", te la colocan en brazos, la miras y te das cuenta de que es una expresión hermosa de la vida (y que, eventualmente, también querés eso para la tuya).
La verdad que me encantó este cumpleaños, y le volví a tomar el gusto al hecho de comer torta. Hacía años que no las provaba en las fiestas, no sé por qué. Y no va que hace poquito retomé esa deliciosa cuestión entre mis manos (quizá tiene que ver que vendemos tortas en el cole para juntar guita para el viaje de egresados, o sea, necesitamos plata por favor compranos).
La vuelta en el colectivo fue divertidísima. Mamá estaba poniendo las monedas y el colectivero nos dice "apuresé señora que se le va a acabar el tiempo". No sabía que había un tiempo para sacar el boleto. Seguimos y aparece un cartel "demasiadas monedas", ruidito de muchas cosas de metal cayendo, y otra vez el buen colectivero "¿son todas de cinco?". Otro dato nuevo, si pones muchas monedas, no te deja sacar el boleto. Al final lo logramos, con mucho esfuerzo y yo muriéndome de risa. Tanto, que nos sentamos y nos reímos las dos. O sea que si hacés un viaje de larga distancia con tus dos hermanas, y el cambio te lo dieron de a cinco centavos, te querés matar.

Qué lindo es ver a la familia...

No hay comentarios.:

¿Más?