8 de octubre de 2008

El bramido del mar.

.
El bramido del mar inundaba mis oídos, como si el silencioso ruido del pueblo no fuera importante.
El aroma a sal se impregnaba en cada rincón de mi alma, y respirar era sólo por gusto.
Quizá pensaba en la vida y en ese amor motor de tantas caminatas.
No era casualidad el aire.
No era en vano ver más allá.
No caemos porque nos plazca y no nos levantamos para seguir siendo necios.

Por supuesto que al mar todo esto le importa tres cominos, el simplemente se ocupa de irse para después volver.
.

No hay comentarios.:

¿Más?