
En cinco cuadras a la redonda todos duermen; no hay nadie despierto, excepto tal vez tu, que pueda contemplar lo que lo rodea durante las tres cuarenta y dos de la madrugada:
un silencio de lluvia, trayendo paz y húmedad.
El sonido es increíble, unos plic y plac desparramados de forma incongruente por todas partes, mojándolo todo.
Yo aquí, parado al borde de la azotea, escucho. Sólo eso, escucho.
... Quizá, en el medio de este estruendoso repicar de gotas, llegue tu voz distante a desearme un 'buenas noches'.
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