18 de septiembre de 2010

La ceremonia del té

¿Cómo se le llama a eso de hablarle al texto en el texto? Amén del recurso estilístico de la personificación que voy a usar, ¿metatextualidad es que se le dice? - Nótese el uso coloquial de cuanto tiempo y modo verbal me viene a la cabeza, así le da ilusión de charla de café.
Sí, señor, por supuesto, meta textualidad en su vida que le va a venir bien.

Voy a hacer un experimento, si, justo ahora. La idea surge de vos, que prefiero mantenerte anónimo por placer personal y disfrute silencioso. Podría haberte citado fielmente, libro interesante y subjetivamente bonito, pero preferí vivenciarte en la realidad del ser que soy en esta habitación desordenada, con una remera roja, el pelo mojado, la luz baja y Pearl Jam como música de fondo. Más que nada, quise hacerte mío, palabras mías, no copiarte y plagiarte, ¿con qué autoridad voy a seguir construyendo el pacto ficcional que nos une sino?
El asunto consiste en tomar té. No supe lo que el té realmente era hasta que una persona querida me lo preparó exclusivamente hará cosa de dos o tres años; mundo aparte.
En fin, que te venía leyendo y me recordaste el valor ritual que tiene. El pequeño gesto de parar toda actividad superflua y contemplar algún aspecto de la realidad como si fuera la más grande obra de Arte - cosa cierta -, en este caso implica saborear, degustar y olfatear uno de esos brebajes milenarios que resisten a las etiquetas individualistas de las sociedades (que éstas las adopten es enteramente otro tema que no me importa en lo absoluto precisamente ahora) porque es más bien de carácter simple y esencia compleja (vamos, que lo simple y lo complejo se explica en Introducción a la Filosofía I). Así que, ahí vamos...

Cambio de registro:
Suena un blues llamado míticamente Come Back; los mechones de pelo, todavía húmedos, intervienen en mi empresa de llevarme la taza a los labios, y son corridos con un movimiento automático (ah, las ironías de la vida); mi taza es negra y tiene letras chinas, ni puta idea de lo que dice pero van muy acordes con la situación; subo el volumen en el apogeo de la guitarra - se entiende el gusto... -, además para no escuchar estas teclas, y también sirve para no prestarle atención a la incansable radio de la vecina de arriba; afuera sopla viento frío; pasa el camión de la basura.
Nótese que mucho es ruido.
El té aquí introducido - medio de contrabando, estoy escribiendo Y tomando té - es el famoso Earl Gray: una mezcla pseudo-equitativa de amargos, frutos, madera, seda, oriente, amanecer, medianoche, terciopelo, azúcar agregada, tibieza y aroma cautivante. Detenerse en cada sorbo y vaho perfumado es como avistar la infinidad, o la inmortalidad, o la atemporalidad, o el aplastante, milagroso, y hermoso conjunto de todo lo que es y será y seguirá siendo aunque se mueva en un mismo instante.
Ese es el objeto de la presente investigación, atreverse a entrever, a ser consciente de la belleza, y a volver a la velocidad normal de las cosas. Eso último implica también los ciclos normales de sueño y vigilia, y creo que toda esta situación ya me relajó lo suficiente como para irme a dormir.

¿Éxito de la cruzada? Satisfactorio. Buenas noches.


Nota al pie: remarco lo dicho al principio, meta textualidad en su vida que no sólo le abre las puertas, sino que también le vuela el techo.

2 comentarios:

MICA dijo...

de tus mejores escritos :D (y no sólo porque mientras escuchabas a Pearl Jam..aunque seguro influye en mi apreciación jajaj)

Florencia dijo...

Awww.. me encantó! Ternura absoluta! Tenés la re sensibilidad poética, querida!Me encantó!

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