20 de enero de 2014

Algunas palabras sobre el color verde.

Sólo el verde destaca en esta ciudad blanco y negro, sólo el verde embellece este gris crema que patina los edificios de smog y smoke y Smaug.
Sólo el verde logra decir algo, un susurro de hojas con sabia que late y sabe a vida potente. Amarga, a veces; dulce, ciertamente. Y dice "arriba, retoño, los muros también se quiebran a tu voluntad".
Sólo el verde parece despertarse cuando se apagan las luces desveladas y viene la única luminaria natural. (Bueno, no es la única, pero ya no hay muchas casas con chimenea en la ciudad).
Sólo el verde se despereza y extiende sus brazos y se deja abrazar por el viento y el catarro de los caños de escape.

Alguien me dijo una vez que los árboles no se mueven en el espacio, pero si en el tiempo y por eso nos cuentan historias. Se han casado obedientemente cada año, renovando su voto a vivir y dejarnos vivir, pero sólo muestran su cofre de anillos al morir (aunque el Avaro a veces se los roba antes de tiempo).
Y por más que no se trasladen, colman el espacio como pausas, como el silencio entre conversaciones difusas y palabras apuradas.


Además es mi color favorito y me alegra el departamento.

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