25 de junio de 2012

Una ciudad, por Francisca Nieto


Camino inclinándome hacia el tiempo
por una vereda que tiene por costumbre
olvidar los pasos anónimos.

Y me detengo frente a la puerta de un café que ya no existe
donde un galeón navegaba entre nubes de colores
por la portuaria calle Corrientes

Y entre vasos que contenían ilusiones
creí, crecí, y me enamoré al borde de sus mesas
cuando la noche subía lentamente desde el río
y el obelisco era un reloj de sol
que marcaba el tiempo del asombro.

Todavía me recuerdo
vestida de adolescente
apretando a Camus en una mano
sin entender el sumario del miedo.

Nacida y vuelta a nacer en cada herida
en cada beso
en cada silbido nocturno
soy como la ciudad
Una abstracción de la memoria.


*Yo no llevaba a Camus, sino a Chesterton, 
pero por lo demás bien valdría ponerla en mi biografía. 
Gracias, poesía.

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