Quizás
esto se parezca un poco a mi valija, ahora está llena de cosas que no
utilizo todo el tiempo. Se podría decir que para el día a día es inútil,
pero ¿lo es realmente? Al menos contiene lo necesario para hoy, y hay
cosas que sé con absoluta seguridad personal que voy a necesitar mañana,
y en unas semanas. Y aunque hoy no me puse el vestido azul, eso no
quiere decir que no exista.
Y quizá nunca me ponga el vestido azul y quizá nunca nadie más lo
use. Pero estaba disponible para mí, y eso ya marca una diferencia y
declara su existencia.
Al final la historia es de uno mismo y de todos, y nunca sólo de uno o sólo de todos.
Te cuento esta evidencia filosófica porque acabo de leer "El mundo de Sofía" y leer algo siempre me deja profundas impresiones.
Hay
gente que habla siempre de sí misma y hay gente que habla siempre de
Dios. En realidad ninguno lo hace "siempre", pero tienden a eso.
A veces creo que no hay tanta diferencia entre ambas posturas. Uno
siempre habla DESDE sí mismo y de sí mismo en el sentido de que hablamos
lo que hemos aprendido o sentido, aunque el contenido no nos pertenezca
realmente. No obstante también creo que, precisamente por eso, hablamos
todo el tiempo de Dios, o de la falta de Él. Lo que hará falta será,
entonces, un oyente que sepa la diferencia y logre reflexionar
correctamente al respecto, para seguir la conversación y sacarle
provecho. Tendría que ser muy atento y muy listo.
Lo que nos devuelve a la primera cuestión: este escrito es una
reflexión mía orientada a mí misma y también a tí. ¿Y tu quién eres?
¿Acaso eres el lector inteligente o te atacan mis mismas dudas? ¿Vendrás
a darme una lección a través de los años, o eres alguien que necesita
aprender lo mismo que yo?
El problema es que le hablo a tres personas a la
vez. Es una conversación emocionante ¿no te parece? Aunque sería
descortés de tu parte creer que uno de los participantes no existe y
además, así, anulas el juego.
Otro problema es que esta es una conversación larga, de toda la
vida me atrevería a decir. Así que hay que tener paciencia, mucha, para
que uno de los interlocutores conteste o reavive nuestra pequeña charla.
-Escrito en Vila Real, Portugal, 24/07/2012
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